Iuris & Lex

Iuris 13 noviembre 2015

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53 IURIS&LEX 13 NOVIEMBRE 2015 N o es la carne y la sangre, sino el corazón, lo que nos hace padres e hijos". Con estas palabras definía las relaciones familiares el dramaturgo y filóso- fo alemán Friedrich von Schiller, y, analizando la senten- cia del Tribunal Supremo del 20 de julio de 2015, pode- mos decir que no se equivocaba al señalar el error de centrarnos exclusivamente en el aspecto genético a la hora de valorar un vínculo familiar. Dicha mentalidad no es ajena en el mundo jurídico, ya que tanto en nuestra legislación como en el derecho comparado ya se prevén las consecuencias de un mal comportamiento por parte de los hijos hacia sus proge- nitores. Es más, en el derecho anglosajón existe una libertad de testar, aunque si bien en el caso de Inglaterra y Gales se ha implantado una Family Provision, la misma debe solicitarse por los afectados ante los tribunales y estos decidirán su conveniencia y en qué grado se la otorgan. Centrándonos en nuestro ordenamiento jurídico, el Código Civil recoge posibles causas de desheredación en los artículos 848 a 857, en relación con el artículo 756 del mismo cuerpo legal. Dichas causas se encuentran muy limitadas, pero nos permiten observar que a pesar de la creencia generalizada, es posible eliminar la figura de la legítima siempre y cuando estemos ante alguna de esas causas. Dicho esto, procedemos a la interpretación que realiza la Sala Primera del Tribunal Supremo respecto del artículo 648.1 del Código Civil. Sentencia del 20 de julio de 2015 El caso gira en torno a unos padres que ante el mal trato recibido por su hija, solicitan revocar una serie de donaciones a favor de la misma. El Juzgado de Primera Instancia estimó sus preten- siones, pero la Sección Primera de la Audiencia Provincial de Cuenca las desestimó. El propio Tribunal Supremo ya había dado muestras de flexibilización de ciertas normativas. Cabe recordar que en la Sentencia de la Sala Primera, de 3 de junio de 2014, se aborda la inter- pretación del artículo 853.2 del Código Civil en relación al maltrato de obra como motivo de desheredación. En este sentido, indicaba que el término "de obra" no debe interpretarse de forma literal, sino que, atendiendo a la realidad social en la que nos encontramos y al aspecto psicológico, debe medirse en iguales circunstancias y tenerse en cuenta a la hora de proceder a una deshereda- ción. Artículo 648.1 del Código Civil La importancia de esta Sentencia radica en una interpretación flexible de un precepto que esta- blece unas cláusulas cerradas y unos términos que jurídicamente son muy concretos. Si bien los apartados segundo y tercero, en principio, no presentan mayores debates, el punto primero es el que ha resultado conflictivo hasta la reciente sentencia. De esa manera, dicho apar- tado señala lo siguiente: "Si el donatario cometiere algún delito contra la persona, el honor o los bienes del donante". Como se puede observar, el término que se ha tenido que aclarar por los Magistrados de nues- tro más alto tribunal es "delito". La RAE lo define como "culpa, quebrantamiento de la ley" o "acción u omisión voluntaria o im- prudente penada por la ley". Ahora bien, también se entiende como delito "acción o cosa repro- bable. Comer tanto es un delito. Es un delito gastar tanto en un traje" Precisamente, este último extremo es el que utilizan los Magistrados para estimar las pretensio- nes de los padres. De este modo, en el Fundamento de Derecho Tercero, se indica claramente que aunque los supuestos recogidos por el legislador son taxativos y, por lo tanto, no admiten interpre- tación extensiva, eso "(…) no significa que los elementos conceptuales contemplados por la norma, deban ser, asimismo, objeto de interpretación rígida o sumamente restrictiva". Es decir, los conceptos jurídicos establecidos en esos supuestos sí admiten una interpretación amplia y flexible por la imprecisión del mismo por parte del legislador (Ver la STS Nº 747/2012 de 18 de diciembre de 2012). ¿Cómo se debe realizar dicha interpretación? Tal y como se señala en la Sentencia de 20 de julio, debemos analizar la conducta del sujeto al que se desea revocar la donación, basándonos siempre en lo estrictamente reprochable dentro de las relaciones entre padres e hijos. De ese modo, insultos, humillaciones o dejadez, aunque no se encuentren declaradas delic- tivas por los tribunales competentes, sí que son reprochables para el ciudadano medio y, por lo tanto, entran dentro del término delito. Ya no sólo la RAE contempla esta opción, sino que sus Señorías introducen dicha definición dentro del universo jurídico. En definitiva, no es necesario que exista un procedi- miento penal ni una sentencia condenatoria para soli- citar la revocación de donaciones. Basta con que el comportamiento del donatario esté dentro del ámbito delictivo. Todo esto nos hace ver una vez más la importancia de reflexionar sobre las distintas normas que rigen nuestra sociedad. Por suerte, la reciente decisión del TS ha abierto un halo de esperanza a la integración del sentido común en el Derecho de Familia. Esperemos que esto siente un precedente y poco a poco vayan flexibilizando cier- tos artículos, ya que tal y como señalaba Cicerón, "el derecho riguroso es una especie de injusticia". Nuestra labor no es otra que hacer que las injusti- cias vayan desapareciendo, poco a poco. Revocación de la donación por "ingratitud" hacia sus padres Unos padres, ante el maltrato recibido por su hija, solicitan revocar las donaciones a favor de la misma No hace falta sentencia condenatoria para la revocación, basta con que el comportamiento esté dentro del ámbito delictivo POR PALOMA ZABALGO Socia directora del despacho Palomazabalgo "No es la carne y la sangre, sino el corazón, lo que nos hace padres e hijos". Con estas palabras definía las relaciones familiares el dramaturgo y filósofo alemán Friedrich von Schiller, y, analizando la sentencia del Tribunal Supremo del 20 de julio de 2015, podemos decir que no se equivocaba al señalar el error de centrarnos exclusivamente en el aspecto genético a la hora de valorar un vínculo familiar. Dicha mentalidad no es ajena en el mundo jurídico, ya que tanto en nuestra legislación, como en el derecho comparado, ya se prevén las consecuencias de un mal comportamiento por parte de los hijos hacia sus progenitores. Basta con que el comportamiento del donatario esté dentro del ámbito delictivo. Todo esto nos hace ver una vez más la importancia de reflexionar sobre las distintas normas que rigen nuestra sociedad. Por suerte, la reciente decisión del TS ha abierto un halo de esperanza a la integración del sentido común en el Derecho de Familia. Esperemos que esto siente un precedente y poco a poco vayan flexibilizando ciertos artículos, ya que tal y como señalaba Cicerón, "el derecho riguroso es una especie de injusticia". Nuestra labor no es otra que hacer que las injusticias vayan desapareciendo, poco a poco. [A fondo]

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