Iuris & Lex

Iuris 12 febrero 2016

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93 IURIS&LEX 12 FEBRERO 2016 H ace tiempo que vengo observando las particula- ridades de los acuerdos alcanzados para las pensiones alimenticias de los hijos en familias en las que uno de los progenitores ocupa un cargo de alto directivo en su empresa. En estas familias, no suele ser objeto de discusión la guarda y custodia de los hijos menores, la cual se establece por lo general a favor de la madre. El motivo es lógico, puesto que el progenitor con menor carga laboral es quien suele quedarse a cargo de los hijos. Si bien es cierto que el progenitor que se encarga de esos cuidados también puede desarrollar una acti- vidad profesional, esta no está sujeta a largas jorna- das laborales o grandes viajes, permitiéndole compa- tibilizar el cuidado de los niños con su actividad labo- ral y permitiendo el crecimiento laboral del otro progenitor. Una particularidad muy habitual en estos casos es que la actividad profesional desarrollada por altos directivos suponga la realización de viajes e incluso, en muchas ocasiones, el trasla- do de la familia a otro país, obligando al otro progenitor a renunciar a su vida laboral anterior. Cuando llega el divorcio, las medidas judiciales a adoptar, lo son conforme a los actos pro- pios de la familia. Así, la guarda y custodia de los hijos menores quedará a favor de la madre, al ser ella quien se ha dedicado a su cuidado, al mismo tiempo que el padre no goza de dispo- nibilidad laboral para atender a sus hijos, conforme a su actividad profesional con largas jorna- das laborales y muchos viajes… siendo el régimen de visitas a establecer más o menos amplio en función de dicha actividad laboral. Igualmente, el padre deberá contribuir a la pensión de alimentos de sus hijos conforme a las cir- cunstancias y nivel económico de la familia, pudiendo establecerse además una pensión com- pensatoria a favor de la esposa, siendo las cuantías de ambas pensiones, por lo general, muy ele- vadas. La razón de que dichas cuantías sean elevadas responde a que el nivel de vida familiar es muy elevado, los niños habitualmente acuden a colegios privados, realizan actividades de ocio de un coste muy elevado, el domicilio familiar conlleva muchos gastos, etc., y al momento del divorcio, el padre deberá continuar contribuyendo económicamente al mantenimiento de dicha situación económica. En estas situaciones, el proceso judicial contencioso suele evitarse, porque ambas partes son conscientes de la necesidad de dejar a los hijos al margen de su situación personal, tratan- do que su calidad de vida no se vea afectada. Por ello, los gastos de los menores son asumidos prácticamente en su totalidad, y en la mayoría de los casos, por el padre, que es quien suele desempeñar un cargo directivo con muchísima más frecuencia que la madre, como muestran numerosos estudios. Al mismo tiempo, ambos progenitores también son conscientes de que las largas jornadas laborales exigen que el régimen de visitas a establecer a favor de los niños deba realizarse con una amplia flexibilidad. Y dentro de estas premisas, se suelen llegar a acuerdos con- sensuados entre las partes, evi- tando un proceso judicial con- tencioso, y eso sí, con pensiones de alimentos y compensatorias generalmente bastante altas, acorde al nivel familiar que siem- pre tuvo la familia. Existen situaciones en que los progenitores no pueden ponerse de acuerdo en dichas cantida- des y deben ser sometidas al criterio judicial. En estos casos se suele realizar un cálculo más ponderado de los alimentos de los hijos. Si bien, pese a ello, la totalidad de estos gastos sigue recayendo en el padre, estableciéndose igualmente que sea él quien abone la carga hipoteca- ria prácticamente en su totalidad. Esta última cuestión ha sido modificada por nuestro Tribunal Supremo, al establecer reciente doctrina jurisprudencial en la que ha establecido que la carga hipotecaria que pesa sobre el inmueble familiar no es una carga familiar, por lo que salvo acuer- do entre las partes, dicho gasto debe ser abonado conforme al título de propiedad. Lo anteriormente expuesto no quiere decir que no deba llegarse a un acuerdo, todo lo con- trario, ambos progenitores deben ser conscientes de la situación real y llegar a acuerdos bene- ficiosos para sus hijos, con sentido común, sin pedir pensiones de alimentos desorbitadas, pero también sin ofrecer cantidades económicas que estén muy por debajo de los verdaderos gastos de los hijos. Ambos progenitores deben ser realistas y ofrecer cantidades económicas que respondan a los verdade- ros gastos de los hijos. De este modo se evitarán casos en los que la madre 'viva' a costa de la pensión de los alimentos de sus hijos -como en algunas oca- siones sucede- o en los que sea ella quien se vea gra- vemente perjudicada por la falta de una solvencia eco- nómica. Por ello es imprescindible que ambos proge- nitores sean lo más conscientes y realistas posibles e intenten llegar al mejor acuerdo en beneficio de sus hijos, algo que sin lugar a dudas evitará muchos plei- tos y conflictos entre las partes. Las pensiones de alimentos de los grandes directivos Las cuantías de las pensiones son elevadas porque el nivel de vida familiar es muy elevado, y la situación debe mantenerse Ambos progenitores deben ser realistas y ofrecer cantidades económicas que respondan a los verdaderos gastos de los hijos POR PALOMA ZABALGO Socia directora del despacho Paloma Zabalgo Hace tiempo que vengo observando las particularidades de los acuerdos alcanzados para las pensiones alimenti- cias de los hijos en familias en las que uno de los progeni- tores ocupa un cargo de alto directivo en su empresa. En estas familias se suele establecer la guarda y custodia a favor de la madre porque es el progenitor con menor carga laboral. Si bien es cierto que el progenitor que se encarga de esos cuidados también puede desarrollar una actividad profesional, esta no está sujeta a largas jorna- das laborales o grandes viajes, permitiéndole compatibili- zar el cuidado de los niños con su actividad laboral y per- mitiendo el crecimiento laboral del otro progenitor. Ambos progenitores deben ser realistas y ofrecer cantidades económicas que respondan a los verdaderos gastos de los hijos. De este modo se evitarán casos en los que la madre 'viva' a costa de la pensión de los alimentos de sus hijos -como en algunas ocasiones sucede- o en los que sea ella quien se vea gravemente perjudicada por la falta de una solvencia económica. Por ello es imprescindible que ambos progenitores sean lo más conscientes y realistas posibles e intenten llegar al mejor acuerdo en beneficio de sus hijos, algo que sin lugar a dudas evitará muchos pleitos y conflictos entre las partes. [A fondo] GETTY

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