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elEconomista Transporte 11 octubre 2017

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Transporte 23 elEconomista OPINIÓN aérea prohíbe cualquier tipo de organización que represente a los pilotos, promueve su aislamiento, fomenta el miedo y aplica medidas represivas que, durante años, han evitado que las críticas salieran de la compañía. Adicionalmente, los modelos de contratación de la línea Ryanair, a través de intermediarios o fomentando la figura del piloto autónomo bajo complejos entramados que están deslocalizados de su lugar de residencia, generan gran inestabilidad para el piloto. Pero que ni siquiera les dé una botella de agua en el avión provoca directamente indignación. Desatada la crisis, Ryanair ha propuesto una solución que igualmente vulnera los límites razonables de la normativa europea de seguridad aérea, ya que implica la suspensión de los descansos anuales obligatorios de sus tripulaciones y el agotamiento de los límites de horas de vuelo disponibles en un año. En este escenario, nadie rechaza la posibilidad de ejercer bajo otras condiciones profesionales y decenas de pilotos han abandonado Ryanair en los últimos meses. Los que asumimos el mando de los aviones vimos desde hace tiempo que ese modelo no podía sostenerse en el tiempo. Advertimos a las autoridades españolas sobre los riesgos en la política de contratación, pérdida de riqueza para el país, y del crecimiento de la compañía irlandesa en detrimento de los operadores nacionales. Parece que la amenaza que nosotros veíamos otros no la vieron. Si bien el modelo low cost es lícito y tiene una importante demanda entre gran parte de los usuarios, también es cierto que en aviación no todo vale. Tratar mal a tus empleados y a tus clientes nunca dio buenos resultados. Ahora solo se puede tratar de enmendar la situación para evitar males mayores, como problemas de conectividad en Europa o un aumento de la tensión interna entre Ryanair y sus pilotos, que no favorece al correcto desempeño profesional, y en definitiva a la seguridad de las operaciones. Las actuaciones inmediatas deben girar en torno a la implementación de la supervisión cooperativa propuesta por Easa, la aplicación de la sentencia del Tribunal de Justicia de la UE, por la que los contratos deberán radicarse en el país de la base de trabajo, respetando las normas de cada Estado y garantizando los derechos sociales y laborales, y el pago de impuestos en los países desde donde opera, de manera que haya un retorno fiscal proporcionado para los Estados. Todo ello sin olvidar que la compañía ha anunciado cancelaciones de vuelos hasta marzo de 2018 lo cual, más allá del perjuicio individual para cada usuario, supone el incumplimiento de las condiciones del contrato que se recogen en el billete, y que aplican tanto al operador como al pasajero. El daño causado a cientos de miles personas en toda Europa, muchas de ellas en España, exige determinación por parte de las autoridades y la aplicación de las sanciones estipuladas en la normativa comunitaria y nacional. El modelo ha quebrado; antes de que se haga añicos, hay que recuperar las piezas para reorientar la estructura y principios de una compañía que ha ido demasiado lejos en su apuesta paneuropea. Estamos solo ante la parte visible de un iceberg con consecuencias directas en muchos ámbitos. Los Gobiernos de los Estados afectados y la Unión Europea deben actuar de forma decidida para recuperar los valores del juego limpio y el comercio justo que nunca se debieron perder. Nadie rechaza la posibilidad de ejercer bajo otras condiciones profesionales y decenas de pilotos han abandonado Ryanair en los últimos meses. Desde hace tiempo se veía que ese modelo no podía sostenerse en el tiempo Carlos Salas Decano del Colegio Oficial de Pilotos de la Aviación Comercial (Copac)

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